El recuerdo me llevó a esa tierra de arena y algarrobos,
de gente cálida y verano sofocante,
en la cual dejé un ángel y mi llanto,
y me traje el dejo y la tristeza.
Amo la tierra del sol y los vientos de las cinco de la tarde
que, más que refrescarme, me envolvían
con el polvo que levantaban por la extensa avenida
poblada de viejos, hermosos algarrobos.
Cómo no amar la tierra en la cual enterré el amor
y la pequeña infancia,
donde recibí la solidaridad de los de siempre,
en esos momentos, ya lejanos, de dolor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario