Andando por la Grau, camino al San Teodoro,
dejando a mi espalda “la urba”,la pequeña Italia,
como a ella le gustaba llamarla,
pisaba la sombra de aquellos gigantes
sembrados a lo largo de la avenida.
A pie hasta el centro, el bolsillo está seco como el clima.
¿Qué le diré al llegar?
“¿qué haces cuando vas?” me preguntó una vez, Lilita.
Nada, le respondí, sólo hablarle.
Y así, día a día, siempre transeúnte,
emprendía el mismo camino esperando que nunca se fuera.
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